viernes, 28 de mayo de 2010

Primera entrada.

Es justo que se la dedique a mi perro, Quid Pro Quo, el único perro que he tenido...

No me gustan las zalamerías de ninguna clase, ni mucho menos las que exponen, vagamente, implícitamente, descriptivamente o diáfanamente los aspectos de una amistad de este tenor; ni tampoco busco asentar los recuerdos que van y vienen con todos sus tintes y en sus distintas formas: quizás para otro momento reserve ese relato.

Por hoy, prefiero seguir recordando a mi perro así como era: bravo como pocos, pero capaz de recostarse en mis rodillas en señal de cariño. E iniciar así este octavo blog.

Quid Pro Quo.