delgadoalcuadrado
viernes, 9 de julio de 2010
Extraño
Inopinadamente aburrido. Ilusoriamente enamorado. Perdidamente confundido. Anhelosamente excitado. Silenciosamente muriendo. Extrañamente sepultado. Brillantemente vivo. Palpitanto de amor entre la nieve. Atentamente buscándote. Desesperanzadamente esperándote. Fatigosamente peleando por no olvidarte. Odiándote y deseando que me busques. Faldas y bufandas. Escotes y medias negras. Aire puro. Amor asesino. Noche y libido. Ni lo uno ni lo otro para mí. Polvo y organzas. Sonidos francófonos, y lágrimas sin idioma. Un amanecer de esperanza. Un atardecer con tonalidades de Prusia... y algo que se pierde. Autoría entre anonimato. Leyes de gravedad, y la GRAVEDAD del amor extraviado. Cacofonía y notas de piano. Blanco, y docenas de tonalidades en gris. Flores rosas naciendo y muriendo, muriendo y naciendo. Comillas y paréntesis, eufemismos y agradecimientos lacónicos. Simpleza tomada como depravacion, engaño y juego como verdad absoluta. Nobleza y vejez. Juventud e indiferencia. Verde y Rosa...
viernes, 28 de mayo de 2010
Primera entrada.
Es justo que se la dedique a mi perro, Quid Pro Quo, el único perro que he tenido...
No me gustan las zalamerías de ninguna clase, ni mucho menos las que exponen, vagamente, implícitamente, descriptivamente o diáfanamente los aspectos de una amistad de este tenor; ni tampoco busco asentar los recuerdos que van y vienen con todos sus tintes y en sus distintas formas: quizás para otro momento reserve ese relato.
Por hoy, prefiero seguir recordando a mi perro así como era: bravo como pocos, pero capaz de recostarse en mis rodillas en señal de cariño. E iniciar así este octavo blog.
Quid Pro Quo.
Es justo que se la dedique a mi perro, Quid Pro Quo, el único perro que he tenido...
No me gustan las zalamerías de ninguna clase, ni mucho menos las que exponen, vagamente, implícitamente, descriptivamente o diáfanamente los aspectos de una amistad de este tenor; ni tampoco busco asentar los recuerdos que van y vienen con todos sus tintes y en sus distintas formas: quizás para otro momento reserve ese relato.
Por hoy, prefiero seguir recordando a mi perro así como era: bravo como pocos, pero capaz de recostarse en mis rodillas en señal de cariño. E iniciar así este octavo blog.
Quid Pro Quo.
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